Las escaras (también llamadas úlceras por presión y úlceras de decúbito), forman parte de una serie más amplia de alteraciones conocidas como “síndrome de inmovilización”, que se producen cuando una persona está confinada en la cama (o sentada en un sillón) durante períodos prolongados y que afectan a todo el cuerpo.

El tratamiento y la prevención de las úlceras por presión implica, además de los cuidados locales y generales de la persona afectada, una serie de maniobras y el uso de ayudas para reducir la compresión prolongada de una zona concreta del cuerpo, que es el factor principal que las provoca. Estas son las recomendaciones para curarlas y prevenirlas:

Colchón de aire alternante

  • Movilización frecuente del paciente tanto en la cama como sentado; es aconsejable mover al sujeto con frecuencia -aproximadamente cada dos horas-, restaurando así la circulación sanguínea y moviendo los puntos de mayor compresión.
  • Higiene cuidadosa de la persona con la eliminación oportuna de las heces y la orina, que son muy irritantes tanto para la piel sana como para la lesionada; al manipular y movilizar higiénicamente al sujeto, se debe evitar frotar la piel con demasiada fuerza, ya que esto puede crear microlesiones, que pueden ser el primer paso de una lesión por decúbito. En estos casos, es útil colocar una sonda vesical permanente para evitar que la orina entre en contacto con las zonas lesionadas.
  • Uso de soluciones grasas o aceitosas (por ejemplo, aceite de almendras o similar) que se aplican con frecuencia a la piel sana en las zonas con riesgo de úlceras por presión para hacerla más elástica y resistente.
  • Uso de ayudas para reducir y/o distribuir la presión en una zona más amplia del cuerpo, como colchones y almohadas antiescaras. Existen esencialmente dos tipos de colchones y almohadas antidecúbito, los de material expandido y los de aire; la elección de un tipo en lugar del otro debe hacerse en función de la situación del paciente. Los colchones de espuma son eficaces, ya que distribuyen el peso de la persona por toda la superficie del cuerpo, y son fáciles de manejar, pero si no se protegen pueden ensuciarse con los excrementos del paciente; los colchones de aire tienen un compresor que los mantiene inflados y determina las variaciones de la presión del aire, facilitando eficazmente la circulación sanguínea en las zonas de riesgo, pero sus vibraciones pueden molestar a algunas personas especialmente sensibles; la carcasa de plástico dificulta la transpiración del sudor; además, los colchones de aire que se utilizan actualmente en los hogares son delgados y, en realidad, son sobrecolchones que se colocan encima de un colchón normal.