¿Qué es una transferencia?

En términos médicos, la transferencia de una persona con discapacidad o movilidad reducida es la forma de pasar de un soporte a otro, por ejemplo de una cama a una silla de ruedas. Cuando somos discapacitados o mayores, podemos necesitar ayudas técnicas para llevar a cabo la acción de trasladarnos. Las ayudas técnicas para la transferencia nos permiten realizar acciones cotidianas, con ayuda externa o solos, limitando las caídas.

Ayudar a una persona dependiente en sus movimientos requiere cierta práctica y algunas técnicas. Una transferencia mal realizada puede convertirse en una situación “peligrosa” tanto para la persona a la que se ayuda como para el cuidador, que puede lesionarse la zona lumbar o provocar la caída de ambos, por eso es tan importante contar con un dispositivo de ayuda a la transferencia adecuado.

Existen muchas ayudas técnicas en función de las capacidades de la persona y de la acción a realizar.

En el día a día, se pueden hacer muchas transferencias que necesitas de artículos destinados para cada función:

  • Acostarse y levantarse de la cama: barra de abdominales, disco de transferencia, grúa para pacientes, etc.
  • Levantarse y sentarse en una silla o sofá: cojín de elevación, cinturón de transferencia, etc.
  • Subir al inodoro: asa de transferencia, silla de transferencia, etc.
  • Entrar y salir de la bañera o ducha: bancos de transferencia, tabla, etc.
  • Entrar y salir de un coche: barra de mano, cojín giratorio, etc.

En todos los casos, tanto si se utiliza una ayuda técnica como si no, para no correr riesgos, es fundamental hacer los gestos adecuados. Te ofrecemos algunos consejos para realizar los traslados con total seguridad.

Transferencia de una persona: nuestros 10 consejos para realizarlo correctamente

El traslado de una persona supone un gran esfuerzo para la espalda y la columna vertebral. Por lo tanto, es importante protegerse. Aquí tienes algunos consejos para proteger tu espalda:

  • Recuerda mantener los pies suficientemente separados: al menos la anchura de la pelvis. Esto le proporciona un mejor apoyo y, por lo tanto, un mejor equilibrio.
  • Dobla las piernas y contrae los músculos abdominales (inclinación de la pelvis): los músculos de las piernas se utilizan y los de la espalda se estresan menos.
  • Acércate lo más posible a la persona a la que ayudas: cuanto más cerca estés del otro, menos esfuerzo tendrás que hacer.
  • Abraza a la persona que está siendo ayudada.
  • Trabaja con las palmas de las manos, el contacto será más agradable para el ayudante.
  • Identificar los puntos de sujeción: sujetar el cinturón o los pantalones.
  • Evita la rotación de la columna vertebral: recuerda acompañar el movimiento con los pies.
  • Piensa en bloquear las partes del cuerpo de la persona que pueden resbalar: colocando tu pie perpendicular a su pie y tu rodilla contra su rodilla, por ejemplo.
  • Invita a la persona atendida a colocar sus manos alrededor de tu espalda, a la altura de los omóplatos y no alrededor de tu cuello.
  • Facilita la tarea adquiriendo un equipo especial.